AMOR INCOMBUSTIBLE

     

            He sido testigo de historias que me hubieran puesto los bellos de punta, si los tuviera. Que podrían haberme hecho llorar, si mis ojos no estuvieran tan cristalizados. Historias que mi corazón habrían logrado estremecer de sentimiento, pero dicen que lo tengo de frío acero. Yo, que siempre inadvertido, he visto, reír, amar, gritar, llorar, temblar, sentir y callar. Desde el más escandaloso de los silencios, hasta la más desatada pasión furtiva sintieron mis entrañas.Y cuanto pesa el No poder “decir”, el No saber “hacer”. Encadenado por mi naturaleza indolente. Incapaz de hacer trascender mi reclamo más allá de mi propio espíritu. Bufidos constantes con la  pretensión de que mi quejar llegara a ser escuchado y entendido. Recorrer la vereda, atravesando mi destino cumpliendo la tarea que me aferrará hasta el fin de mis días. Acatar sin queja, sin esperar nada a cambio, sin poder hacer nada más que acatar nuevamente. Ni tan siquiera una palabra sincera de agradecimiento…de rencor.
            Ayer como cada jornada sentí tu calor sobre mi piel. Ayer noté tu mirada más triste de lo habitual. Ayer sabíamos los dos que el mal augurio se iba a ceñir sobre nosotros. Ayer te vi llorar, aunque de tus ojos oscuros, ni una lágrima se escapara. Sentí tu sufrimiento, a pesar de que tus labios quebrados, dibujasen un arco iris de fingida felicidad. Y sufrí yo, y lloré contigo porque sabía que tu dolor era hondo y sincero. Y en parte lamento que tu aflicción fuera motivo de gozo en lo más profundo de mi ser. Espero que un día perdones la ligereza de mis pensamientos y que entiendas que sufrí contigo, que por tu pena, lloré yo, que si mis ojos no fuesen tan etéreos, las lágrimas hubiesen empapado mi piel y habría detenido mi caminar para consolar tu amargura.
Pero también te confieso mi amada compañera, que fui feliz como nunca, cuando escuche de sus labios que se acababa lo vuestro. La parte de mí que no lloraba, salto de alegría. El trozo de alma que aún queda en mí, que aún no te he dado expresaba su dicha. Porque ya nada nos separa. Porque te puedo querer en exclusiva. En silencio todavía, pero solo yo reiré contigo. Solo yo sentiré y oiré tus lamentos. Yo tan solo veré tus sonrisas en soledad. Solamente seré yo quién te tenga en la distancia.
Y sería el más feliz del universo si sentirse dichoso pudiera. Pues yo no soy como él. Ni tampoco como tú ni el resto de tus iguales. Ni puedo como los hombres y mujeres engendrar nueva descendencia. Solo puedo sentir como siente el aire. Desprendo calor como lo hace cada aurora el sol resplandeciente. Lloro como la tempestad que desatan los nubarrones del cielo. Dando color a mi sonrisa el arco iris que nos visita al acabar la tormenta. Grito del mismo modo del que se quejan los dioses, con sus truenos y centellas que convierten el paraíso terrestre en un atronador lamento. Pero este gran amor que te profeso solo podría ser correspondido, si no fuese tan yacente mi sustancia. Nunca llegarás a amarme, pues eso sería un sueño, un vano espejismo en la distancia, un anhelo utópico de éste que sin saberlo te ama... simple y vulgar  automóvil.

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