El reloj marcaba las 6:10 de la madrugada y el “aḏān” o llamamiento a la oración inundaba por completo las, hasta ahora, solitarias calles. Poco a poco como enormes hileras de hormigas los caminos que llevaban hasta las innumerables mezquitas se empezaban a llenar de fieles dispuestos a efectuar el rezo de “faŷr” (antes del amanecer). Pero uno de estos fieles hoy no acudiría a su cita puntual y obligada de cada jornada.
Salim meditaba en su dormitorio con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Tal vez rezaba ya que no podía acudir hoy a la mezquita. Quizás se debatía entre la impaciencia y el miedo, entre lo que tanto había deseado; que pronto se iba a cumplir, y el temor a no saber qué ocurrirá después. Como sacado a golpes de un sueño inquietante Salim dio un respingo y de salto eléctrico dio con sus pies en el suelo. Se vistió con su mejor túnica de lino y se dispuso a partir hacia el lugar acordado. Su padre estaría orgulloso de él, pensaba mientras salía a la calle y se adentraba en el laberinto de ladrillos que formaban las casas de la gran ciudad.
El llamamiento al rezo ya había cesado cuando Salim llegaba al “templo” como popularmente era conocido aquel edificio. Su “bautismo” estaba ya muy cerca de hacerse realidad. Aquello por lo que tanto había tenido que estudiar, entrenar, rezar y sufrir, estaba a punto de cumplirse. Justo en ese momento, en el umbral de lo que a buen seguro sería la puerta hacia una nueva vida, le vienen a su mente recuerdos fugaces de la que hasta hoy había sido su vida. Su feliz infancia con sus seis hermanos. Las caricias de su tierna madre. Las reprimendas de su padre cuando hacían algo mal. Luego aquella trágica enfermedad que se llevó a Madre. La soberanía de Padre cuando ella faltó y la marcha de Mohamed su hermano mayor a occidente. El resto, aunque vivo, como puñal en el pecho, eran recuerdos que se esforzaba por no retener. La vuelta a casa de Mohamed de occidente, las disputas constantes con Padre; aquella noche triste en que tuvo que vengar la muerte de su padre a manos de su hermano…Pero todo eso era pasado, cerró fuerte los ojos y sin pensarlo más, entró en El Templo, dando muerte así a su antigua vida…al asesino de su hermano.
(siguiente capítulo)
(siguiente capítulo)
Segundo capitulo de la novela entrevista o redención, supongo que no esperabais algo así, pero todo se aclarará...más adelante claro.
ResponderEliminarHombre, nos estás introduciendo a los personajes, y la verdad que tiene buena pinta, queremos más!!!
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