La visibilidad no era muy
buena a través de aquel ojo de la cerradura. Hacía fresco y ya era tarde pero continué
observando un rato más. Al otro lado el pequeño jugaba de rodillas, inmerso en
su mundo de fantasías. Mientras, el hombre acariciaba dulcemente su cabello. Desde
mi escasa perspectiva, condicionada en gran parte por aquel mísero agujero y
con la dificultad añadida de tener la figura del hombre tapándome el campo de visión,
pude reconocer el juguete con el que se entretenía el niño. Un pequeño tren de
madera rojo y blanco, casi idéntico a uno que tuve yo cuando era un crio. No alcanzo
a ver con certeza si se trata del mismo, pues ahora el hombre que con sus
brazos rodea por completo al chico, me impide ver absolutamente nada. Me vi
obligado a subirme la cremallera de la chaqueta hasta arriba estremecido por un
intenso escalofrío. Era cuanto menos curioso y diría incluso que imprudente,
que tanto el adulto como el infante permanecieran desnudos con la gélida noche
que hacía. No cabía dudas, gracias a la nueva disposición de los implicados
pude corroborar que aquel trenecito que ahora tumbado boca abajo sobre su cama jugaba
el pequeño, era una réplica exacta del que me regalaron en uno de mis
cumpleaños. Menos mal que al igual que yo, el hombre se ha percatado de la
inclemencia del tiempo y ha decidido arropar con su cuerpo al del tembloroso
chiquillo. Parece inmaduro por mi parte estar aquí arrodillado observando la
escena mientras me seco las lágrimas de los ojos y la impotencia invade mi
alma. Pero no puedo evitarlo siempre fue superior a mis fuerzas y la nostalgia me
abruma cada vez que recuerdo aquel juguete que creo recordar, me regalo…
…solo son las cinco de la
mañana, otra noche más que me despierto de forma abrupta, empapado en sudor,
tiritando de frio y acurrucado bajo la manta. Y nuevamente con la sensación de
haber tenido un extraño sueño que nunca logro recordar. Y para colmo ahora, no
puedo volver a conciliar el sueño. La absurda idea que a menudo me atormentaba sobre
mi actitud con cierto vestigio de mi pasado. Pasado que sigue estando muy
presente y que ahora de manera absurda y sin explicación venia a mi recuerdo en
forma de trenecito insignificante de madera que un día me regalo él, mi Padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario